La idea era hacer una
parodia del horripilante Programa de Fiestas habitual, que se
había convertido en
abanderado de la culturilla conservadora y reaccionaria del pueblo.
El resultado era obvio: se
nos prohibió su venta en determinados locales, nos persiguieron
por la calle,
nos increparon y casi nos dan de hostias.
Por otro lado, algunas
formaciones políticas de la oposición nos ofrecieron su
apoyo...
pero claro, cuando en el siguiente trabajo nos metimos con ellas, nos
ganamos el odio y el rechazo de todos.
Tampoco era para tanto,
¿no?
Pinchad en los
números para ver, una a una, sus páginas:
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