Un
año más, el Komando
Leproso ha plantado sus tiendas, sus calimochos y su mugre
en el Viña Rock. Y aquí tenemos a Diego, probablemente el
leproso más viejo del Komando, que nos va a soltar una
retaíla con las anécdotas más memorables que
ocurrieron en el campamento leproso.
Prestémosle atención...
Pos
eso, que mando mi visión de lo sucedido
al KL en esta edición del Viña. De las actuaciones
prácticamente no voy a
hablar, que no es una crónica para Matarile ni la prensa. Ah, y
perdonad las
lagunas y errores que seguramente habrá.
Tras unos
intensos días de
preparativos que se dejaron sentir en la lista
de correo del Komando, por fin la patrulla expedicionaria leprosa
partió el
jueves (26 de abril) a tierras castellonenses. Quien suscribe
fue recogido por Sebas, a bordo de cuyo Piolín
(llamamos
así a su coche, por eso de ser amarillo, el muy jodío) ya
se encontraban Klaudia y Omaíta.
Tras sortear, no sin alguna
complicación, el tráfico y las obras de Madrid, cogimos
la autovía de Valencia,
que presentaba una circulación más que fluida. En
llegando a Arganda, atisbamos
a lo lejos un principio de arco iris. Éste fue creciendo en
tamaño e intensidad
hasta mostrarnos un espectáculo multicolor literalmente
alucinante. Con el sol
del atardecer a nuestras espaldas y una ligera y cercana lluvia, se
había
formado enfrente de nosotros un bellísimo arco multicolor
completo (lo que no
es muy habitual), y por momentos doble, que parecía indicarnos
el camino de la
tierra de promisión. No iba muy desencaminado.
Con este
espectacular buen presagio,
hicimos nuestra primera parada en boxes. Caldo para el Piolín,
un par de birras
frescas y a continuar con unos petillas, que ya no pararon de rular
constantemente. Así las cosas, Benicassim
se fue acercando, al igual que nuestra segunda parada en el pit stop y
la
primera anécdota destacable:
SEBAS, NO TE
METAS EN EL CAMINO RURAL!
"¿Paramos en esta gasolinera
que me meo toda?, Po fale que yo también". Miro el cartel de la
rotonda
que hay antes y veo que al ladito de la indicación de E.S.
está la entrada a un camino agrícola,
así que aviso a
Sebas para que tenga cuidado y no se meta en el jardín... pero
nada, él DE
CABEZA pallá, y encima animado por Omar y Klau: "Sí,
sí, esta es la
entrada. Métete, métete!!".
Creo que la
sorpresa me paralizó y
no pude gritarles "¡nooooooooooooooooooooooooo!" a tiempo. Cuando
me
había llevado ya la mano a la cara oigo los lamentos:
"¿Qué es este camino
de tierra y por qué no llevará a los surtidores?" . En
fin, que dimos la
vuelta tras 93.745 maniobras y nos metimos, saltándonos un Stop,
en dirección
contraria.
Pero lo más gracioso no acaba ahí.
Salimos y le digo a Omar, "¿echamos el pisín
ahí detrás?. Oki doki" vamos pallá. Y empiezan a
venir
coches hacia nosotros, y salto yo "¿ya vienen a vernos las
colas?, qué
julas, ¿no?". Cuando me di cuenta ESTÁBAMOS MEANDO
EN LA ENTRADA DELA GASOLINERA
pues que habíamos entrado por detrás. Ya nos
vale, mira que saltarnos la clase de Supercoco de
“delante-detrás”.
Weno. Sigue el viaje. Y llegar a
Benicassim fue fácil, pero entrar al recinto de festivales, una
odisea, ya que
estaba indicado como el culo. Encima, una vez aterrizados, nos
encontramos con
439.876.349.639 guardias civiles
patrullando la zona, algo que no te deja muy buena cara tras el
viajecito. La peña,
en cuanto dejaba de tenerlos encima, mascullaba cosas como "¡Viva
la
Benemérita!" y
otras lindezas que os podéis imaginar.
En fin, que pasamos a llamar a Onán
para situar las tiendas y a Pinchos para que me diera
un par de
cosas que nos llevó en su carro y una pulsera de Matarile por si
me valiera
para algo. Y la comunicación con Pinchos produjo las segundas
carcajadas del
día:
ME PARECE QUE LO
OIGO POR AQUÍ...
Pues resulta que me dejaron un “mancuentro”
para llamar al Pin
(gracias, Omar) y tras mil explicaciones conseguimos encontrarnos...
weno, más
bien me encontró él a mí, ya que pude oír
un enorme grito de
"¡Diegoooo!" al otro lado del parking en el que estábamos.
Total que
le paso a Omar el móvil y corro pallá. Omar se viene,
pues me tiene que ayudar
a portar la nevera y la tienda que ha de darme el Pin.
Así las cosas, cuando le saludamos,
Omaíta me salta: "¿Mas dao el
móvil?" y yo "pos sí", "no lo encuentro",
"mírate bien, joío", "que no lo encuentro". Ya
estábamos
los dos como pollos sin cabeza buscando sobre el montículo de
tierra por el que
habíamos saltado cuando oímos al Pin y a éste se
le ocurre lo que sin duda fue
una buena idea: llamar al mancuentro de Omar. Éste empieza a
sonar y yo
"¿Dónde suena?" y el Omar "lo oigo por aquí, lo
oigo por
aquí" dando vueltas sobre sí mismo. ¿Por
qué daba vueltas?, os
preguntaréis. Pues porque LLEVABA EL APARATO EN EL
BOLSILLO DE ATRÁS DEL PANTALÓN y el tío como
un perro
persiguiéndose el rabo. La risa.
Secadas las lágrimas, nos vamos a
plantar las tiendas, pero dos de seguridad nos cierran el paso al
cámping,
exigiéndonos que nos sacásemos las pulseras
correspondientes, y yo sin entrada. Así que, mientras los otros
tres iban a por
ellas, interpreté mi mejor actuación en todo el festival,
plañendo en la
entrada al cámping cosas como "huuuuuuuu, hasta que me den la
entrada
mañana me voy a quedar fuera... dame las llaves que duermo en el
coche...
" y cosas así para que los de la puerta me oyeran. Cuando ya
estamos todos
pa entrar, saco mi pulsera amarilla, les digo a los vigilantes que ej
que he
estao trabajando dentro y que mañana me dan el pase, aunque ya
se que la
amarilla no sirve pa entrar y, con un enorme y decidido apoyo de
Onán, entro pa
dentro con todos. ¿Dónde se recoge el Oscar?. ;^D
Montamos
la tienda, no sin cierta
premura ya que parecía que iba a ponerse a llover en serio en
cualquier momento
y ya, mucho más tranquilos, nos pimplamos el primer calimocho
del festi. Por lo menos a mí, me supo a gloria y me
olió
a victoria, como el olor del napalm por la mañana. Acoplamos las
cosas y nos
fuimos a hacer una visita de cortesía a las tiendas de los alcoyanos, en las que nos quedamos el Sebas y yo de
agradable
charla y bebiéndonos todo el ron que tenían disponible (y
eso que nos llevamos
buenas cantidades de cali pallá, pero ya sabéis como
somos los lepras). Eso sí,
nos amaneció allí y fue cuando le dije a Sebas:
"vámonos que estos señores
se tendrán que acostar", aunque alguno había que ya
roncaba.
Viernes por la tarde.
Viene el 2º coche leproso-mandrileño con las
Koplovitz (Ana y Miri) y el Rastas, from Bilbo, a los que acomodamos en Fort Lepras,
y ya más
tarde encontramos a Neska, a Karlos y
una pulsera del cámping que había
crecido en un árbol. "¿A dónde
vas, Diego?" me dijo Klaudia cuando me vio arrancar como Fernando
Alonso.
En la palabra "vas" de dicha pregunta, ya estoy de vuelta
espetándola: "¡pónmela, pónmela!" y en unas
décimas de segundo ya
tenía acceso por tol cámping.
Mientras la peña se va a ver los
primeros conciertos, adquiero mi entrada, ya que llamé a Pinchos
(gracias Klau)
para ver si se podía hacer con una pa mí, pero como hasta
la noche no lo sabía,
no quise arriesgar. Me encontré con los lepras dentro, justo
para ver a la
Mala,
pero con la pancarta preparada para ver a los Despistaos,
pancarta que al ver desplegada el More le
obligó a esconderse bajo la batería. Se ve que
está muy
orgulloso de nosotros ;^D . Luego, cuando nos dedicó un tema
casi al final,
acordamos olvidar lo de despellejarle vivo.
Luego,
en el programa ponía “Bebe”,
así que ya me iba a la tienda a
por priva cuando me dijeron, "que noooo Dieeego, que es una artista que
actúa ahooora"; así que sacamos unos mochos de la barra y
a por más cera.
Un poco nonaina esta Bebe, como la Mala (ambas provocaron mis primeras
exclamaciones homéricas
de "¡mabuuuuuuurroooo! "), y con una banda definitivamente floja,
más
blanda que la mierda de pavo, pero me encantó su actitud ante la
vida,
especialmente cuando se versionó un tema de Extremo y
exclamó: "¡Sí, sí,
vosotros mucho cerrar las centrales nucleares, pero luego no os sale de
los
huevos RECOGER VUESTRA PUTA MIERDA
en los festivales!" Me emocioné al pensar que no estaba solo en
mi guerra
(hasta ahora individual) contra la mierda.
Acabada la actuación, huimos despavoridos al
escuchar las primeras
¿notas musicales? de los más que prescindibles Medina Azahara. Menos mal, hubiera tenido que rematar a
todos mis
compañeros y suicidarme para no tener que aguantar tamaño
sufrimiento. Entonces,
tiramos para Fort Lepras, repostamos
cali y yo agarré las seticas y me hice el primer mojito del
festi, bebida que,
me dio la ligera impresión, no se estila mucho por tierras
levantinas, pero que
gustó, ya que nadie me la tiró por la cabeza tras
probarla.
Precisamente este mojito y una
expedición maligna a la canadiense de la Vane, dieron lugar a
otro de estos pequeños
capítulos que son los que nos alegran la vida:
CREO QUE SE OS
HA CAÍDO CÉSPED EN
VUESTRO MINI
Estamos
ya en la tienda de Neska, en donde íbamos a
hacer el primer
intercambio droguil, cuando ésta no
halla su saca de las drugs. Cuando ya empezábamos a asumir su
pérdida, la puta
saca aparece, vete tú a saber de dónde, con lo que el
alegrón es casi como si
te las encontraras de primeras. Hecho el correspondiente uso, le digo a
la Vane
"cógete el mini,
que esto hay que celebrarlo", total que lo pilla y salta: "me parece
que se os ha caído césped en vuestro mini" y la veo que
empieza a quitar
algo de dentro del vaso. Y yo, "¿qué se ha podido
caer?... ¡AAAAAAAH LA HIERBABUEEEEENAAAAAA!!!
LE ESTÁ QUITANDO LA HIERBABUENAAAAA!
". Después de las risas, una breve explicación de que
ésta es parte del
combinado y no un elemento extraño, nos vamos a ver a Manu Chao.
Buena banda tiene el colega, aunque
a años luz de Mano Negra (snif, ¡qué tiempos!) y
animó el cotarro bastante.
Menos gente se quedó a ver al abuelo Rosendo
(cuestiones de moda y márketing y no de corazón) pero a
mí me emocionó y
divirtió mucho más que el anterior. Sin desmerecer nada,
por supuesto. Cuando
acabó, empezó a llover de manera más seria que
hasta el momento. Huimos a las
tiendas con idea de regresar si escampaba, pero entre que tardaba
más de la
cuenta, el agotamiento y el sueño, por lo menos yo, me
retiré al sobre. Lo
sentí por perderme a Barón Rojo,
¡nchts!. Luego me despertó por un momento la persistente
risa de Miri, pero fue
cosa de minutos y quedarnos todos sopas en Fort Lepras.
Sábado. Por la mañana
ha caído una que te cagas pero, por suerte,
nos ha pillado sobando en las tiendas y, aunque sigue cayendo, la
peña se ha
montado una juerga timbalera en el toldo de las duchas, a donde vamos
sin
dudarlo cargaítos de mojitos y calis. Como la cosa está
animada, el bilbaíno y
yo hacemos una expedición de intendencia y traemos más de
lo mismo y algo de
papear, que ya se nos olvidaba. ;^D
De sobremesa, resulta que el Sebas
ha quedado con otra leprosa más, Noe,
y sus amigos. ¿Os he dicho ya lo bien que me cae esta chica?,
sí, sí, creo que
sí. Vamos al punto de encuentro y luego nos coge de las orejas
para correr a ver a unos tales Hora
Zulú, que no están mal pero de los que vemos tres
temas.
Después nos quedamos a ver a Kaótiko,
que me dejaron muy muy buena impresión, aunque sólo
conocía las versiones que
hicieron. Eso sí, constantemente nos ponemos y quitamos los
impermeables.
Nuevo repostaje en las tiendas y
regreso al recinto. Fin de Los Suaves
y comienzo de Canteca de Macao y
cuando nos organizábamos para ver quién se venía a
ver a Koma empieza el diluvio.
La gente corre como si el agua fuese ácido sulfúrico ("no
digas lo de
ácido muy alto que la peña se lo come", me dice Vane).
Nosotros pasamos
como flechas plateadas delante del escenario New Rock y otra vez para
Fort
Lepras, en donde estaba tan empapao que me quedé de guardia
fuera de las
tiendas bajo el toldo (si no te lo traes, vendimiamos, Omaíta)
mientras los
demás se metían a secarse un poco.
Cada vez
que arreciaba o se iba la
luz la peña en las tiendas y/o bajo los toldos gritaba como si
fuese el mejor
tema del mejor concierto. Yo, mientras, a dieta de mocho y petas,
veía a
personas que deambulaban como fantasmas, con unas torrijas
descomunales. ¿Os
podéis creer que hasta uno me preguntó que dónde
estaba su tienda, que, para más
inri, era una Quechua, marca que acaparaba al menos la mitad del total
de las
que plagaban el cámping? ¿Dónde está la
cámara?, me preguntaba.
Tras un par de horas de lo que me
pareció un huracán tropical, la lluvia cesó de
repente y pude ver los fuegos
artificiales del final de Mago de Hez,
así que procedí a contabilizar las bajas en Fort Lepras.
Mientras nada se podía
hacer por los profundamente dormidos Miri, Rastas y Ana, a Sebas y a
Klaudia
sólo hubo que gritarles "¡vamos a ver a S.A.,
kabrones!" (patrañas, yo quería ver a Warcry,
pero por ir con mis amigos yo
me meto en el jardín que sea, hostias, como si es un tablao
flamenco) y
saltaron como muelles hacia fuera. Nos dirigíamos a otra de las
buenas
anécdotas de este Viña 2007:
¡HA MUERTO, SEBAS!. NO SE
PUEDE HACER
NADA, TIENES QUE ACEPTARLO.
Nos metemos en el recinto y vamos hacia
el escenario Matarile, que por
cierto se encontraba más a rebosar que en todo el festi, y,
aún de lejos, me
fijo en un mensaje que brillaba pérfido, cual mensaje de
"apagado o fuera
de cobertura" de un mancuentro, en el que pude leer (resumiendo) :
"Debido a las fuertes lluvias, los conciertos de S.A.
y Siniestro, pa mañana". Lo
leo en voz alta y Klau
y yo nos pusimos a cantar la canción de los Lunnis para relajar
la tensión.
Pero Sebas,
como no creyéndome,
sigue adelante. Lee él mismo el cartel... y sigue andando
ausente, como en una
nube, como si el cartel y toda la gente decepcionada de alrededor no
existieran
y la suspensión de S.A. fuese un mal sueño nada
más. Cual médico que sigue
aplicando la reanimación a alguien que está
definitivamente cadáver, tuvimos
que cogerlo físicamente hacia atrás, sacarlo de
allí, explicarle la nueva
situación y, finalmente consolarle.
¿Nos desanimamos? , ¡nooooooooooooooo!
. Todavía podíamos ver a Violadores del
Verso o a, ¡tachaaaan! ¿adivináis? WARCRY.
Aquí no hubo ninguna duda, menos mal que no hay Latin Pigs entre
los lepras, y
pasamos del puto jip-jop, para cobijarnos bajo la lona del bar del
escenario New Rock, pues llovía de nuevo, donde
nos metieron mano a los tres. Encima a Klaudia le metía mano una
piba y a mí un
pibe. "¿Cambiamos de sitio?", la dije, pero estábamos mu
apretaos
para ello. Menos mal que paró de llover y empezó el
concierto, con lo que quedamos
todos muuuuy anchos en la pista de baile.
Y
eso, a disfrutar del poder del
metal. Mu wenos los Warcry, para mí los mejores, aunque mi
criterio es muy
particular, qué os voy a contar. Y aquí el cantante fue
el admirador del
público y no al revés, pues no cesó de alabar la
energía que hay que tener para
seguir de farra con la que cayó. Mientras tanto,
mandábamos a por cali al Sebas
y volvía con roncola el muy cabrón, y no te creas que
avisaba. La explicación
es que, por cortes de corriente, los serpentines de vino y birra no
funcionaban
en la mayoría de barras y, si le comías la oreja a la
camarera, se enrollaba y
te lo ponía de cubalitro. Esto le sirvió al Onán
al día siguiente para saltar
la banca del festival, consiguiendo cerro de minis de ron a precio de
puesto de
chinos.
El caso es que ese era el escenario
del Pinchos y pudimos hablar con él al terminar Warcry. Hicimos
de groupies,
conocimos a su colegaria Tania, mu
maja ella, y a quienes Sara y Bauer
ya conocen del CumplePinchos, nos pasó el ron y
el
pulco pa mis mojitos y, tras quedar con él para cuando Habeas Corpus acabasen en el New Rock, pal cámping
de vuelta.
Nos tomamos un par el en bar pero
yo no tenía ganas de irme al saco aún, así que,
cuando mis parteneres fueron a
planchar oreja, aproveché que el Rastudo y Miri resucitaban,
para regresar con
ellos a las duchas y al bar. Unos jijís, glubglubs y
jujús más tarde, me doy
cuenta de que no sé en qué día estoy y acudo a la
tienda a fenecer.
Domingo. Klaudia me da una voz para
avisarme que se van tós a ver a Siniestro. Le
agradezco el detalle
pero estoy vencido por el sueño. Cuando el cuerpo me dice basta,
me levanto, me
pongo de seco y de corto, agarro papel higiénico, pues algo
presentía y me voy
pal recinto conciertil, no sin antes parar en el naranjal que hay antes
pues
cual embarazada salida de cuentas iba. Dejada atrás la criatura, que yo creo que se movía y todo. Me voy
a donde había
quedao con el Pin y me encuentro a la Klau toda pintarrajeada y en plan
groupie, pegada a la parte
de alante. Abrazazo, voz al Pinchos y éste, lo primero, me tira
¡la llave de su
hotel!. Por fin un sitio wapo donde huir si cae otra destas y/o donde
ducharnos
todos. Acto seguido veo al Isma,
otro abrazado que te cagas, y nos ponemos con la charleta. El Pinchos
se sale
con nosotros y nos vamos todos un poco más atrás, que
estaba el grueso de las
huestes leprosas, incluidos Onan y Krlos, que se habían dejado
ver poco con el
tema de la lluvia.
Eso
sí, a dieta de ron, las kurdas
de todos eran impresionantes, ya
os he relatado el desfalco del Onán en ese sentido, pero,
sorprendentemente,
conseguimos mantenernos en pie y no vomitarnos los unos a los otros
para ir a
ver a The Locos (¿o era Ill
Niño?) en cuyas filas estaba El Abuelo, ex
de Los Canallas. Vuelta a caer y menos mal que Ana
traía un
chubasqueiro de sobra, que si no mojo mis últimas pertenencias
secas (gracias,
maja).
En cuanto paró, Omar y Vane tenían
que llevar cosas de la tienda a la furgo y Noe, Sebas, Klaudia y un
menda no
dudamos en ayudarles para que hiciesen solo un viaje... bueno y a
traernos al
Piolín la priva que Neska traía y
que era mejor tener lo más cerca posible. Nuevo intercambio droguil, unos a los puestos y otros a
cambiarnos a las tiendas, que venían S.A.
y Reinci seguiditos. Creo que en
ambos conciertos no me quedó nadie por darle un pisotón
en tol estadio, aunque
tengo entendido que me cebé especialmente con la pobre Neska
(sorry) y es que
iba ya que ni te cuento.
Nuevo regreso a Fort Lepras, esta vez el
más numeroso
de todos, con todas las secciones al
competo. Pasamos por delante del escenario jipjop ese y yo ya, de
oír en él
SIEMPRE LA
MISMA PUTA CANCIÓN DE
MIERDA salté yo con mi
propio rap, menos de estrellitas, pero divertido de verdad.
LA HISTORIA DE JERO
"Me
llamo Jero, soy extranjero y
vivo en un cajero. No
tengo dinero y tengo una papela: ¡solo para miiiiiiií!
¡solo
para miiiiiiií!".
Gerome
Van Kouten (pronúnciese Yeróm Ban Coutn) era un
chaval que
vino de Holanda con las primerísimas Erasmus a la facul de
Bellas Artes, que
era donde estudiaban algunos de mis colegas por entonces, como
Pamplona, por
ejemplo. El tío se nos unió, a nosotros y a los Ña, una peña de cachondos mentales, que son
los que sacaron la
canción. El pobre no tenía ni idea de castellano,
así que sólo le entendíamos
del todo cuando las hermanas Mezquita,
mujeres del mundo que, como él, sabían inglés,
estaban con nosotros. Al
principio se alquiló una habita en la casa compartida por el Pampli y Luis Paté de Marrano,
pero luego decidió que era mejor gastarse la
pasta de la beca en droga y dormir
en los cajeros, mientras los otros le guardaban las pertenencias.
Luego
está el tema de las
costumbres de los pueblos frente a la droga. Mientras aquí, no
es que seamos
oenegés, pero tendemos a compartirla con los colegas,
allí es cada uno lo suyo.
Rollo calvinista, imagino. Pero vamos, que nos chocaba el rollo de que
el se
iba SIEMPRE sólo al W.C. en los garitos y los demás,
pues, era más rollo de "¿Te
vienes al tiroteo?". Además él se apuntaba a los
tiroteos de los
demás, pero no iniciaba ninguno propio, ya me entendéis.
Así que ya veis de
dónde viene este rap en cuya letra (a diferencia de la Cajita de Anfetas)
no
participé para nada, pero que pienso plagiar todas las veces que
haga falta.
Ah, y los Ña sacaron algún orto tema más que ya os
cantaré en otro festi, mani
o KDD. Por cierto, el Jero un día se comió un tripi
e, inexplicablemente, se puso a hablar castellano con una
fluidez que parecía poseído. No es coña.
Así
las cosas, el descojono iba en
aumento, ya empezaron los chistes, no llovía y eso era una
fiesta. Tanto me reí
y tanto canté, a pesar de mi pertinaz afonía, que el
dolor de cabeza se apoderó
de mí y tuve que acostarme, con intención de que fuese pa
un rato... pero no,
no, taba muerto. Aún así, me seguía descojonando
ya en el saco con las chanzas
de estos.
"Laaastima
que teeeermino el
feeestival de hoooy..." pero siempre hay tiempo para el
último mini y, tras despedirnos de las Koplovitz
y el Rastudo,
que partieron de inmediato, la Klau y yo fuimos a por él al bar,
nos despedimos cortésmente
de los alcoyanos yendo a sus tiendas y regresamos para empezar la
recogida.
Vane se pasó con un colega y sebas se despertaba poco a poco de
la juerga de
hace unas horas. Entre tanto, los vecinos, unos majetes chavales de Barna, tenían lío con su tienda
quechua. No podían desmontarla y fueron pidiendo ayuda primero a
la Klaudia
y luego a todo
aquél que pudieron, pero nada, que ej que era un modelo rarro
rarro rarro, así
que estuvimos una horita como unos jubilados en una obra, hasta que
apagaron,
encendieron y resuelto el problema.
Viene Omar, se va a ayudar a Neska
a recoger su canadiense, recogemos y recogemos sin parar y luego a
llevarlo tó al
Piolín en un par de viajes. Despedida telefónica del Pin
y regreso a los
mandriles, con paradas en Cheste (¡peaso circuito!) en donde hay
un garito que
se llama KISS y era el logo del grupo, Chiva y, finalmente, Requena, en
donde
pudimos tapiñarnos la ya tradicional pizza de fin de festival.
Ya en la city,
M-50 chapá, una perra tonta que me dio con coger la M-45 (menos mal que
Klau me
explicó como iba el tema), M-40, pa Mounstruoles, pa Madrid y a
dormir.
Resumiendo,
unos de los mejores
días de mi vida. No sé lo que habrá significado
para otras personas, pero si en
la vida sufrimos y trabajamos, es para luego tener momentos como estos.
Y si no
se pasan con los amigos, mejor quedarse en casa viendo la tele.