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Todo aquel que nos leía se había portado como un león. Eso, que ahora parece tan simple, al principio tenía su mérito, pues no era fácil reconocer en público que se era simpatizante del Komando Leproso, salvo riesgo de que la mafia local te pillara por la calle y te sometiera al tercer grado, boinazos, salivajos y empujones incluídos. ...y no exageramos ni una pizca, oiga!!! |

