FIBRA

El Komando Leproso
Estrella Leprosa SI LA FIBRA ME DA AIRES... 3Estrella Leprosa


EN ESTE BLOQUE:

67.- Tolkien, J.R.R, El señor de los anillos
68.- Larra, Mariano José de, Carta a Andrés
69.- Larra, Mariano José de, El castellano viejo
70.- McCourt, Frank, El profesor
71.- Leon, Donna, Muerte en La Fenice

72.- Falcones, Ildefonso, La catedral del mar (1)
73.- Falcones, Ildefonso, La catedral del mar (2)
74.- Falcones, Ildefonso, La catedral del mar (3)
75.- Burgess, Anthony, La naranja mecánica (1)
76.- Burgess, Anthony, La naranja mecánica (2)

77.- Burgess, Anthony, La naranja mecánica (3)
78.- Burgess, Anthony, La naranja mecánica (4)
79.- Preciado, Nativel, El egoista
80.- Martínez, Guillermo, Los crímenes de Oxford
81.- Bas, Juan, Alacranes en su tinta



MÁS ENTREGAS...

81ª Entrega ( 08-10-08)

 “ALACRANES EN SU TINTA”, de Juan Bas, es un onírico relato en el que el haragán bilbaíno Pacho Murga nos cuenta la vida de Antontxu Astigarraga “Asti”: un Capitán Haddock venido a menos, aunque alcohólico e irascible como el original, con un oscuro pasado en el que se mezcla Franco y la ETA, con el trasfondo de la cocina de autor y los exquisitos pintxos vascos. He aquí un   extracto de la delirante juerga que se pegan los protagonistas en “La Cocina del Infierno”, un antro de Bilbao que nada tiene que envidiarle a “La Teta Enroscada” de “Abierto hasta el amanecer”. Ah, para colmo, el protagonista tiene un perrito llamado Milo... Sólo le falta el tupé rubio y los bombachos, me cagüen la mar!

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         “Sólo conservo del crescendo de la multiintoxicación flashes visuales y algunas impresiones: cuando quise ir a mear, me equivoqué de puerta y entré a un sitio que debía servir de almacén o depósito de cadáveres, en tinieblas, donde me tocó la cara algo que podían ser telarañas y otro elemento, pulposo, de origen desconocido y tal vez numeroso; Lon Chaney en pleno delirio romántico, bebiendo pis en la botorra chiruca de una de las arpías; Asti sacándole las inmensas tetazas del escote a su camarada y chupándoselas con fruición: efectivamente, los pezones eran como mandos de televisiónantigua; cuando por fin atiné con el retrete, pero me encontré en él a dos de las ninfas atareadas con sus respectivas llagas –no pude aguantar más, oriné en el desportillado lavabo y ahogué a una cucaracha-; otra de las arpías, desnuda de cintura para abajo, velluda como un oso, que danzaba -¡al ritmo de las canciones de Mari Trini!- a medio camino entre el ballet y el cancán y realizó un grand écart que, como en el chiste clásico, la dejó pegada por succión a las baldosas del suelo que no conocía fregona; Asti levantando por encima de la cabeza a Lon Chaney y arrojándola por detrás de la barra; Milo con el cipotín tieso, atendido por otra de las guarras; la gorda desnuda por Asti y desparramada sobre la barra como la montaña mágica tras una carga de dinamita; Lon Chaney que, sorpresas de la vida, bajo el sudario escondía un cuerpo con tetillas de perra pero grupa más que aceptable, dejándose lamer el despelujado higo por la menos fea, que guardaba una sorpresa dentro del pantalón de pocero y después la enculó contra la pared; Asti en pelota con unas bragas de leopardo en la cabeza que parecían el pellejo completo del animal, encaramado a la gorda y follándola furiosamente no más de los sesenta segundos canónicos a pesar de la carga que llevaba encima...”

80ª Entrega (19-01-08)

 “LOS CRÍMENES DE OXFORD”, de por Guillermo Martínez.

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         “En las primeras veinticuatro horas, después del rigor mortis, empieza la deshidratación. La sangre deja de transportar oxígeno, la córnea pierde transparencia, el iris y las pupilas se deforman, la piel se arruga. El segundo día se inicia la putrefacción en el intestino grueso y aparecen las primeras manchas verdosas. Los órganos interiores quedan inutilizados, los tejidos se ablandan. El tercer día la descomposición avanza, los gases hinchan el abdomen y un verde marmóreo invade todos los miembros. Del cuerpo emana el compuesto de carbono y oxígeno, el olor penetrante de un bistec que estuvo demasiado tiempo fuera de la heladera: empieza el festín de la fauna cadavérica y de los insectos necrófagos. Cada uno de estos procesos, cada intercambio de energía, involucra una pérdida irreversible, no hay modo de recuperar ninguna función vital. Sí. Al cabo del tercer día, Cristo hubiera sido un deshecho monstruoso incapaz de erguirse, pestilente y ciego. Ésta es la verdad. Pero a quién le interesa la verdad, ¿no es cierto?”


79ª Entrega (23-05-07)

“EL EGOISTA”, de Nativel Preciado.

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         "Apenas me quedan amigos. Un hombre como yo, al final, se va quedando sin amigos. Se pierden porque no se puede contar con ellos o, mejor dicho, porque ellos no pueden contar contigo. Por eso se habla de la soledad del poder. Una de las peores soledades es verse obligado a prescindir del amigo en función de las exigencias del momento o contar con otros a los que se conoce circunstancialmente porque en esos momentos son más útiles que el amigo."



78ª Entrega (28-03-07)

Acertada (o no) reflexión sobre la juventud. Y con esto nos despedimos ya de “LA NARANJA MECÁNICA”, de Anthony Burgess.

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         “Sí sí sí, eso era. La juventud tiene que pasar, ah, sí. Pero en cierto modo ser joven es como ser un animal. No, no es tanto ser un animal sino uno de esos muñecos malencos que venden en las calles, pequeños chelovecos de hojalata con un resorte dentro y una llave para darles cuerda fuera, y les das cuerda grrr grrr grrr y ellos itean como si caminaran, oh hermanos míos. Pero itean en línea recta y tropiezan contra las cosas bang bang y no pueden evitar hacer lo que hacen. Ser joven es como ser una de esas malencas máquinas.”



77ª Entrega (28-03-07)

¿Por qué será que los métodos policiales están igual de bien vistos en todas partes?. Extraído de “LA NARANJA MECÁNICA”, de Anthony Burgess.

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         “Entonces los militsos(*)  se dedicaron a preparar una larga declaración que yo tendría que firmar; y yo pensé, infierno y basura, si ustedes bastardos están del lado del Bien, me alegro de pertenecer al otro club."

      (*) militsos = policías

  


76ª Entrega (28-03-07)

Un momentito de relajación. Tumbado en la cama, escuchando a la Filarmónica de Macon (Georgia), Alex deja a la imaginación campar por sus respetos. Otro memorable extracto de “LA NARANJA MECÁNICA” de Anthony Burgess. De nuevo se avisa al lector que si ve que no entiende ni jota, puede a) pensar e imaginar, ó b) usar un glosario nadsat-castellano –los hay a cientos por internet.
 

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         “Mientras slusaba, los glasos firmemente cerrados en el éxtasis que era mejor que cualquier Bogo de synthemesco, entreví maravillosas imágenes. Eran vecos y ptitsas, unos jóvenes y otros starrios, tirados en el suelo y pidiendo a gritos piedad, y yo smecaba con toda la rota y descargaba la bota sobre los litsos. Y había débochcas desgarradas y crichando contra las paredes, y yo me hundía en ellas como una schlaga, y cuando la música, que tenía un solo movimiento, llegó a su total culminación, yo, tendido en mi cama con los glasos bien apretados y las rucas tras la golová, sentí que me quebraba, y spataba, y exclamaba aaaaah, abrumado por el éxtasis. Y así la bella música se deslizó hacia el final resplandeciente.”



75ª Entrega (28-03-07)

Y ahora un poco de ultraviolencia de la mano de vuestro druguito Alex. De Anthony Burgess, “LA NARANJA MECÁNICA”. Un aviso, si veis que no entendéis ni jota, podéis a) pensar e imaginar, ó b) usar un glosario nadsat-castellano –los hay a cientos por internet.


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         “La vieja Slouse, la mujer, estaba como petrificada detrás del mostrador. Calculamos que se pondría  a crichar asesinos si le dábamos tiempo, así que pegué la vuelta al mostrador muy scorro y la sujeté, y vaya paquete joroschó que era, toda nuqueando a perfume y con los grudos flojos que se bamboleaban como flanes. Le apliqué la ruca sobre la rota para que dejase de aullar muerte y destrucción a los cuatro vientos celestiales, pero la muy perra me dio un mordisco grande y perverso y yo fui el que crichó, y ella abrió la bocaza chillando para atraer a los militsos. Bueno, hubo que tolchocarla como Dios manda con una de las pesas de la balanza, y después darle un buen golpe con una barra de abrir cajones, y ahí le salió la colorada como una vieja amiga. La tiramos al suelo y le arrancamos los platis para divertirnos un poco, y le dimos una patadita suave para que dejara de quejarse. Y al verla ahí tendida con los grudos al aire, me pregunté si lo haría o no, pero decidí que eso era para después. De modo que limpiamos la caja, y las ganancias de la noche fueron joroschó, y después de servirnos algunos paquetes de los mejores cancrillos, hermanos míos, nos largamos a la calle”


74ª Entrega (25-03-07)

Y más de Ildefonso Falcones, “LA CATEDRAL DEL MAR”.

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         “- Presta dinero a los pobres –continuó el noble-, un dinero que sabe que no recuperará nunca. Dios creó a los ricos... y a los pobres. No puede ser que los pobres tengan dinero y casen a sus hijas como si fueran ricos; contraría el designio de Nuestro Señor. ¿Qué van a pensar esos pobres, de vosotros los eclesiásticos o de nosotros los nobles? ¿Acaso no cumplimos los preceptos de la Iglesia tratando a los pobres como lo que son? Arnau es un diablo hijo de diablos y no hace sino preparar la venida del diablo a través del descontento del pueblo. Pensadlo.”


73ª Entrega (24-03-07)

Más de Ildefonso Falcones, “LA CATEDRAL DEL MAR”.

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         “Aunque tan malas cosas sean los diablos y tanto mal hagan, y que en el infierno están, no me importarían todos esos males y no me importaría estar en el infierno, con tal de que estuviese y habitase con diablos como ésos. Y ahora sé que los diablos del infierno no son tan malas cosas como dicen, y ahora sé que haría bien en estar en el infierno, puesto que tales diablos hay allí y con tales debería estar. Y así fuese yo con ellos, Dios lo quiera.”



72ª Entrega (23-03-07)

De Ildefonso Falcones, “LA CATEDRAL DEL MAR”, un libro que nadie se debería perder...

 
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         “Bernat –le advertía seriamente en las ocasiones en que la Iglesia se convertía en blanco de su ira-, nunca te fíes de quienes dicen servir a Dios. Te hablarán con serenidad y buenas palabras, tan cultas que no alcanzarás a entenderlas. Tratarán de convencerte con argumentos que sólo ellos saben hilvanar hasta adueñarse de tu razón y tu conciencia. Se presentarán a ti como hombres bondadosos que dirán querer salvarnos del mal y de la tentación, pero en realidad su opinión sobre nosotros está escrita y todos ellos, como soldados de Cristo que se llaman, siguen con fidelidad aquello que está en los libros. Sus palabras son excusas y sus razones, idénticas a las que tú podrías darle a un mocoso.”



71ª Entrega (22-03-07)

Ya teníamos olvidada la fibra para ir al báter, eh! Nada, nada, aquí va una nueva entrega de literatura, para esos raticos de reflexión a la luz del inodoro. De Donna León, “MUERTE EN LA FENICE”.

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         “Por razones que no había llegado a comprender, su mujer leía cada mañana un diario diferente, abarcando el espectro político desde la derecha a la izquierda, además de las lenguas francesa e inglesa. Años atrás, a poco de conocerla, cuando la entendía aún menos que ahora, le había preguntado por qué. La respuesta que ella le dio era perfectamente racional, aunque él no supo verla así hasta años después; “Quiero descubrir de cuántas maneras diferentes se pueden decir las mismas mentiras”.



70ª Entrega (17-11-06)

Frank McCourt ganó un premio Pulitzer por “Las cenizas de Ángela”, libro con el que ya nos deleitamos anteriormente (ver entregas 1 y 2 de esta colección). Después siguió contándonos su vida en “Lo es”, y “EL PROFESOR”. En este tercer libro nos narra un curioso capítulo que le ocurrió cuando su psiquiatra americano le recomendó participar en una terapia de grupo...

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         “En aquel grupo se decían cosas horrorosas. Se hablaba de relaciones sexuales mantenidas con padres, madres, hermanos, hermanas, tíos que venían de visita, la esposa de un rabino, un setter irlandés, relaciones sexuales con un tarro de hígados de pollo, relaciones sexuales con un hombre que había venido a arreglar la nevera y se quedó varios días con la ropa tirada por el suelo de la cocina. Aquellas eran cosas que uno sólo le contaría a un cura, pero a aquella gente del grupo no les importaba revelar sus secretos al mundo. (... ...) D.H. Lawrence y el Marqués de Sade se hubieran quedado horrorizados si hubieran asistido a aquel grupo.

(……)

          Un día se produjo un silencio después de que un hombre contara que había ido a misa y se había llevado a su casa la hostia para masturbarse encima. Dijo que había sido su manera de cortar toda relación con la Iglesia Católica Apostólica y Romana, y que le había resultado tan emocionante que solía repetir el jueguecito sólo por lo divertido que era. Sabía que no había en el mundo ningún cura que estuviera dispuesto a absolverlo de tal abominación.”

 


69ª Entrega (16-11-06)

Disfrutamos hoy de una comida familiar, típica dominguera, a la que Mariano José de Larra nos invita en el relato “EL CASTELLANO VIEJO”, publicado en “El pobrecito hablador” el 11 de diciembre de 1.832

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         “A todo esto, el niño que a mi izquierda tenía, hacía saltar las aceitunas a un plato de magras con tomate, y una vino a parar a uno de mis ojos, que no volvió a ver claro en todo el día; y el señor gordo de mi derecha había tenido la precaución de ir dejando en el mantel, al lado de mi pan, los huesos de las suyas, y los de las aves que había roído; el convidado de enfrente, que se preciaba de trinchador, se había encargado de hacer la autopsia de un capón, o sea gallo, que esto nuca se supo; fuese por la edad avanzada de la víctima, fuese por los ningunos conocimientos anatómicos del victimario, jamás aparecieron las coyunturas. “Este capón no tiene coyunturas”, exclamaba el infeliz sudando y forcejeando, más como quien cava como quien trincha. ¡Cosa más rara! En una de las embestidas resbaló el tenedor sobre el animal como si tuviera escama, y el capón, violentamente despedido, pareció querer tomar su vuelo como en sus tiempos más felices, y se posó en el mantel tranquilamente como pudiera en un palo de gallinero.
         El susto fue general y la alarma llegó a su colmo cuando un surtidor de caldo, impulsado por el animal furioso, saltó a inundar mi limpísima camisa: levántase rápidamente a este punto el trinchador con ánimo de cazar el ave prófuga, y al precipitarse sobre ella, una botella que tiene a la derecha, con la que tropieza su brazo, abandonando su posición perpendicular, derrama un abundante caño de Valdepeñas sobre el capón y el mantel; corre el vino, auméntase la algazara, llueve la sal sobre el vino para salvar el mantel; para salvar la mesa se ingiere por debajo de él una servilleta, y una eminencia se levanta sobre el teatro de tantas ruinas. Una criada toda azorada retira el capón en el plato de su salsa; al pasar sobre mí hace una pequeña inclinación, y una lluvia maléfica de grasa desciende, como el rocío sobre los prados, a dejar eternas huellas en mi pantalón color de perla; la angustia y el aturdimiento de la criada no conocen término; retírase atolondrada sin acertar con las excusas; al volverse tropieza con el criado, que traía una docena de platos limpios y una salvilla con las copas para los vinos generosos, y toda aquella máquina viene al suelo con el más horroroso estruendo y confusión. “¡Por San Pedro!”, exclama dando una voz Braulio, difundida ya sobre sus facciones una palidez mortal, al paso que brota fuego del rostro de su esposa. “Pero sigamos, señores, no ha sido nada”, añade volviendo en sí.

(……)

         ¿Hay más desgracias?¡Santo cielo!¡Sí, las hay para mí, infeliz! Doña Juana, la de los dientes negros y amarillos, me alarga de su plato y con su propio tenedor una fineza, que es indispensable aceptar y tragar; el niño se divierte en despedir a los ojos de los concurrentes los huesos disparados de las cerezas; don Leandro me hace probar el manzanilla exquisito, que he rehusado, en su misma copa, que conserva las indelebles señales de sus labios grasientos; mi gordo fuma ya sin cesar y me hace cañón de su chimenea; por fin, ¡oh, última de las desgracias!, crece el alboroto y la conversación; roncas ya las voces, piden versos y décimas y no hay más poeta que yo.”

 


68ª Entrega (15-11-06)

Mariano José de Larra escribió a la tierna edad de 23 añitos el artículo “CARTA A ANDRÉS” en “El Pobrecito Hablador”, revista unipersonal, publicada por él mismo desde 1832 hasta 1833. En él se queja con amargura de la incultura general que asola la España de aquella época. Como él mismo dice al principio del artículo: “¿No se lee en este país porque no se escribe, o no se escribe porque no se lee?”

 
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         “Y para confirmación de esto mismo, un diálogo quiero referirte que con cuatro batuecos de éstos tuve no ha mucho, en que todos vinieron a contestarme en substancia una misma cosa, concluyendo cada uno a su tono y como quiera:
      - Aprenda usted la lengua del país –les decía-. Coja usted la gramática.
      - La parda es la que yo necesito –me interrumpió elo más desembarazado, con aire zumbón y de chulo, fruta del país-: Lo mismo es decir las cosas de un modo que de otro.
      - Escriba usted la lengua con corrección.
      - ¡Monadas! ¿Qué más dará escribir vino con b que con v? ¿Si pasará por eso de ser vino?
      - Cultive usted el latín.
      - Yo no he de ser cura, ni tengo que decir misa.
      - El griego.
      - ¿Para qué, si nadie me lo ha de entender?
      - Dese usted a las matemáticas.
      - Ya sé sumar y restar, que es todo lo que puedo ncesitar para ajustar mis cuentas.
      - Aprenda usted física. Le enseñará a conocer los fenómenos de la naturaleza.
      - ¿Quiere usted más fenómenos que los que está uno viendo todos los días?
      - Historia natural. La botánica le enseñará el conocimiento de las plantas.
      - ¿Tengo yo cara de herbolario? Las que son de comer, guisadas me las han de dar.
      - La zoología le enseñará a conocer los animales y sus...
      - ¡Ay! ¡Si viera usted cuántos animales conozco ya!
      - La mineralogía le enseñará el conocimiento de los metales, de los...
      - Mientras no me enseñe dónde tengo que encontrar una mina, no hacemos nada.
      - Estudie usted la geografía.
      - Ande usted, que si el día de mañana tengo que hacer un viaje, dinero es lo que necesito, y no geografía; ya sabrá el postillón del camino, que ésa es su obligación, y dónde está el pueblo a donde voy.
      - Lenguas.
     - No estudio para intérprete: si voy al extranjero, en llevando dinero ya me entenderán, que ésa es la lengua universal.
      - Humanidades, bellas letras...
      - ¿Letras? De cambio: todo lo demás es broma.
      - Siquiera un poco de retórica y poesía.
      - Sí, sí, véngame usted con coplas; ¡para retórica estoy yo! Y si por las comedias lo dice usted, yo no las tengo de hacer: traduciditas del francés me las han de dar en el teatro.
      - La historia.
      - Demasiadas historias tengo yo en la cabeza.
      - Sabrá usted lo que han hecho los hombres...
      - ¡Calle usted por Dios! ¿Quién le ha dicho a usted que cuentan las historias una sola palabra de verdad? ¡Es bueno que no sabe uno lo que pasa en casa...!
      Y por último concluyeron:
      - Mire usted –dijo el uno-, déjeme usted de quebraderos de cabeza; mayorazgo soy, y el saber es para los hombres que no tienen sobre qué caerse muertos.
        - Mire usted –dijo otro-, mi tío es general, y ya tengo una chatarrera a los quince años, otra vendrá con el tiempo, y algo más, sin necesidad de quemarme las cejas; para llevar el chafarote al lado y lucir la casaca no se necesita mucha ciencia.
       - Mire usted –dijo el tercero-, en mi familia nadie ha estudiado, porque las gentes de la sangre azul no han de ser médicos ni abogados, ni han de trabajar como la canalla... Si me quiere usted decir que Don Fulano se granjeó un grande empleo por su ciencia y su saber, ¡buen provecho!¿Quien será él cuando ha estudiado? Yo no quiero degradarme.
       - Mire usted –concluyó el último-, verdad es que yo no tengo grandes riquezas, pero tengo tal cual letra; ya he logrado meter la cabeza en rentas por empeños de mi madre; un amigo nunca me ha de faltar, ni un empleíllo de mala muerte; y para ser oficinista no es preciso ser ningún catedrático de Alcalá ni de Salamanca.
       Bendito sea Dios, Andrés, bendito sea Dios, que se ha servido con su alta misericordia aclararnos un poco las ideas en este particular. De estas poderosas razones trae su origen el no estudiar, del no estudiar nace el no saber, y del no saber es secuela indispensable ese hastío y ese tedio que a los libros tenemos, que tanto redunda en honra y provecho, y sobre todo en descanso de la patria.”

 


67ª Entrega (27-03-06)


      “EL SEÑOR DE LOS ANILLOS”, de J.R.R.Tolkien.

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      “- Lo lamento –dijo Frodo-; estoy asustado y no siento ninguna lástima por Gollum.
      - No lo has visto –interrumpió Gandalf.
      - No, y no quiero verlo –replicó Frodo-. No puedo entenderte. ¿Quieres decir que tú y los Elfos habéis dejado que siguiera vivo después de todas esas horribles hazañas? Ahora, de cualquier modo, es tan malo como un orco, y además un enemigo. Merece la muerte.
      - La merece, sin duda. Muchos de los que viven merecen morir, y algunos de los que mueren merecen la vida. ¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.”




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