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33ª
Entrega (01-04-04)
De cómo “ajusticiaban” los milicianos a los enemigos de la
república. “MADRID DE CORTE A CHECA”, de Agustín de
Foxá. Y ya se sabe el dicho: ”Cuando las barbas de tu vecino
veas cortar…”
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“Ya apagaban los faroles por miedo a los bombardeos, y los
tranvías
últimos pasaban por las rondas con sus lucecitas
trágicas, pintadas
de un azul verdoso. Cruzaban por delante de su casa. Ya estaría
él
a esas horas, en su alcoba, leyendo sus libros, bajo la luz amiga de la
lámpara
familiar. Miró a sus compañeros; uno era un muchacho
joven,
de la edad de su hijo; el otro un hombre maduro, de aire
eclesiástico.
Pararon frente a las vallas puntiagudas de unos solares. Bajo el farol,
con
su bombilla pintada, unos carteles anunciaban un festival en la
Zarzuela a beneficio de los hospitales de
sangre. Y había salido la luna.
-
Poneos allí.
Los
alinearon contra la pared de ladrillo de una casa. No sabía
cómo se llamaban, quienes eran, aquellos hombres, con los que
dentro de unos segundos iba a hacer el gran viaje sin retorno.
-
¿Queréis algo?
El
muchachito alargó un papel:
-
Que telefoneéis a este número, es mi madre.
Y
les entregó una medalla.
Se
aproximó a don Carlos un miliciano.
-
Bueno, dame el reloj; porque no te va a servir para nada en el otro
mundo.
Ordenó
el jefe:
-
Uno a uno.
Así
duraba más el espectáculo. Fue primero el jovencito.
Estaba pálido. Le apuntaron y en un segundo vieron toda su
infancia de niño mimado y a su padre regañando a su
hermano cuando le apuntaba con una
escopeta de aire comprimido.”No se debe jugar con las armas, que el
diablo las carga.”
¡Qué
pensaría ahora su padre, viéndole solo, niño,
abandonado en la noche, ante seis fusiles cargados!
-
¡Dios mío!
Cerró
los ojos y apretó la boca. Tenía cerrados los
puños,
convulsos, clavándose las uñas en la palma.
-
¡Padre mío…!
Sonó
una descarga. Cayó como una ropa desprendida de un alambre.
El
señor taciturno se limitó a gritar:
-¡Viva
Crist…!
No
pudo terminar. Le volaron la frente, salpicando de masa
encefálica
los ladrillos.
Don
Carlos murió con dignidad.
-¡Viva
España!
Aún
se removía en el suelo. Flexionaba las piernas y las
extendía convulso.
-Parece
un conejo.
-Dale
a ése, que entoavía se mueve.
Un
miliciano apoyó su revólver en la cabeza blanca.
Al
amanecer, estaban rígidos, acartonados. Se llenaba de hormigas
la boca
del muchacho, caído de bruces sobre su sangre seca.
(……)
Era ya tarde. Los refugiados en la embajada de Fernando el Santo
escuchaban voces en el tejado de la casa de enfrente y se asomaban
temerosos, mirando por entre las persianas. Quebrando las tejas, unos
milicianos perseguían a un hombre. Lo habían herido y
estaba acurrucado detrás de una chimenea.
Vieron cómo le empujaba al borde del tejado. Aquel hombre se
agarraba desesperado a las tejas, que cedían, dejándole
en las manos trozos rojizos. Le arrojaron a la calle. Rozó con
un toldo de una tienda
de ultramarinos, que suavizó el golpe, y en la acera aún
seguía
chillando. Unos niños que jugaban al fútbol en medio de
la
calle, aplaudían alborozados. Bajaron por la escalera los
milicianos
y lo remataron a culatazos.
- Perro; a comer hierba.
Se oían los golpes, y distinguíanse a través de
los grupos
las culatas en el aire ensangrentadas. Le dejaron allí porque
hasta
la madrugada no venían los coches de la basura a recoger los
“fiambres”.
Escribía un miliciano toscamente unas letras sobre un
cartón,
apoyándolo en la fachada. Lo colgó al cuello del muerto.
Ponía:”Quinta Columna”.
Los chicos siguieron jugando, pusieron las gorras y una chaqueta al
otro lado
del muerto, y así, aquel montón de carne y harapos les
servía
de portería.
- ¡Pasa y centra!”
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32ª
Entrega (01-04-04)
La Guerra Civil
Española fue un enfrentamiento absurdo entre hermanos, que
volvían a ser iguales
llegada la hora de la muerte. Siguiendo con “MADRID DE CORTE A CHECA”,
de
Agustín de Foxá, leemos hoy
un fragmento
en el que falangistas y rojos se toman una tregua en su lucha fraticida
a
la hora de velar a los muertos.
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“Había en el centro de la mesa enyesada tres
ataúdes. Se acercó un falangista.
- Esos son dos coloraos.
(……)
Veían
únicamente tres muertos a la luz verdosa del amanecer, y nadie
se acordaba de si en vida
saludaron con el puño cerrado o con la mano abierta. Se
aproximó uno de las juventudes socialistas al grupo de Pedro.
- ¿Quiere usted un pitillo?
- Gracias.
El falangista lo liaba torpemente; pero no se atrevía a tirarlo
para no subrayar la modestia de aquel tabaco.
- Traiga usted.
Se lo lió con sus manos callosas y le ofreció la
línea engomada para que lo mojara con la lengua.
- Gracias.
Había unos silencios embarazosos.
-¿Dónde ha caído ese?
- Frente al Real Cinema. En la boca del metro de Isabel II.
Los socialistas se aproximaron al muerto.
- Tiene un buen tiro, ¿verdad?
- En mitad del corazón.
- Verán ustedes los nuestros.
Fueron los de la Falange al
rincón. Eran dos obreros de Artes Gráficas. Lloraban los
hermanos de uno de ellos. Los destaparon.
- Mire usted qué balazo.
Le
había entrado la bala por la nuca, abriéndose en la
frente. La tenía abultada, amoratada, con unos bordes
sangrientos, y los ojos desorbitados. Todos se hermanaban en el horror
del más allá.
- En definitiva –decía el jefe socialista-, únicamente
ustedes
y nosotros sabemos morir, mientras los políticos se atiborran en
los banquetes.”
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La Segunda
República Española (1931 - 1939) fue el segundo periodo en la Historia de España en el que la
elección, tanto del Jefe del Estado como del Jefe del Gobierno,
estuvo en manos del pueblo. Comenzó el 14 de abril de 1931,
después de la abdicación del rey Alfonso XIII. En tanto
se elaboraba la nueva Constitución, se constituyó
un Gobierno provisional presidido, primero, por Niceto
Alcalá Zamora desde el 14 de abril hasta el 14 de octubre de
1931, siendo sustituido por Manuel Azaña al dimitir aquel con
motivo
de la polémica desatada con la redacción de los
artículos 24 y 26 de la nueva Constitución, referidos a
la concepción laica de la misma.
Agustín de Foxá nos relata en su libro
“MADRID DE CORTE A CHECA” el final de la monarquía de Alfonso
XIII y el comienzo de una nueva república en esta España
que tanto nos hace padecer. Hete aquí unos extractos de la obra.
Quien busque similitudes…allá él o ella: cualquier
parecido con la realidad de estos últimos
días es pura coincidencia…
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“La multitud invadía Madrid.
Era una
masa gris, sucia, gesticulante. Rostros y manos desconocidas que
subían como lobos de los arrabales, de las casuchas de hojalata
ya en los muros de
yeso y cipreses –con olor a muerte en verano- cerca de las
Sacramentales, en el borde corrompido del Manzanares. Mujerzuelas de
Lavapiés y de Vallecas, obreros de Cuatro Caminos, estudiantes y
burgueses insensatos.
Algunos telegrafistas habían izado la bandera
tricolor en el balcón de Correos y había un grupo de
guardias civiles a caballo delante del Banco de España. Daba el
sol en la franja morada, recién estrenada, de la bandera.
¿Una, dos, tres,
Muera Berenguer!
Cantaban estúpidamente los pareados insultando al
Rey:
¡No se ha
marchao,
Que le hemos echao!
Un
grupo de modistas y marineros, algo borrachos, cogidos del brazo,
gritaba dando saltos:
Que se
vaya,
Que se vaya.
con el mismo
sonsonete taurino
del “otro toro, otro toro” de las corridas soporíferas.
La multitud desbordaba por las aceras, se arracimaba en
los tranvías.
Grupos de golfos se instalaban en las ramas de las acacias.
Alirón,
alirón,
el Rey es un ladrón.
Subía
por la
Castellana una mascarada. Un
hombre de nariz borbónica con una corona de papel ladeada en la
cabeza y dos
grandes maletas. Le gritaban, riéndose, los falsos cortesanos:
“Vamos,
Alfonsito; date prisa, que dan candela”.
(……)
El concepto de libertad de pensamiento empezaba a
cuajar en la joven República española.
Olían las calles a sudor, a vino;
polvo y gritos. Pasaban los camiones con hombres arrebatados,
enronquecidos, en mangas de camisa, y las golfas de San Bernardo y de
Peligros con los pechos desnudos, envueltas como matronas de
alegoría en las banderas tricolores y rojas. Era el día
de los instintos sueltos. Nadie pagaba en los tranvías
ni en los cafés. Vomitonas en las esquinas, abortos en la Dehesa
de
la Villa ,
pellizcos obscenos y el sexo turbio que se enardecía en los
apretones.
-Oiga joven, no se aproveche.
- Pa eso estamos en la
República.
(……)
-Dadme, señor, el poder y en menos
de dos
meses os devuelvo una España monárquica.
Don Alfonso
miró desde el balcón la gran plaza colmada. Insultaban ya
a las infantas; le amenazaban. Recordaba las grandes manifestaciones en
aquel mismo sitio,
en sus días de gloria, cuando su boda, a la vuelta de su viaje a
Italia. Comprendió que con unos escuadrones disolvería
todo aquello, pero imaginó también la sangre de sus
súbditos manchando el basamento de las estatuas de sus
antepasados.
-
No; me voy. No quiero verter una gota de sangre.
Bajaron
las maletas al auto y la manta de viaje. Se despidió de la Reina, que recogía sus
lágrimas en la espuma de un breve pañuelo. Besó al
Príncipe de Asturias, enfermo; a los demás infantes. Le
besaban las manos los Grandes
de España, confundidos aquel día con los criados.
En
el rellano de la escalera, como en las grandes ceremonias de
presentación
de credenciales o imposiciones del Toisón de Oro, estaban
rígidos los alabarderos. Gritó el comandante:
-
¡Viva el Rey!
- No –corrigió Don Alfonso-. ¡Viva España!”
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30ª
Entrega (15-03-04)
De las posesiones en Utopía…
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“(…) Compran las piedras sin tallar, sin el oro de su
montura, y no sin el juramento y la garantía del vendedor sobre
su autenticidad, pues temen equivocarse en si una piedra es falsa o
verdadera. No ven, pues, la razón de los utópicos de que
se disfrute menos contemplando una piedra artificial cuando se exigen
tantas garantías por una auténtica, siendo tan
difícil que el ojo humano distinga la una de la otra. ¡Por
Hércules!, tanto debería valer una y otra ante nuestros
ojos como ante un ciego. Y los que acumulan bienes en cantidades
excesivas sin
mayor utilidad que el placer de contemplar su riqueza, ¿se
engañan con un placer real o se apasionan por uno imaginario?
Existen otros
que caen en el vicio contrario, escondiendo el tesoro,
sustrayéndolo a cualquier utilidad, incluso a sus miradas, y
tanto temen que se les pierda que en la realidad ya está perdido
para ellos, pues devolviéndolo a la tierra es sustraerlo a la
utilidad de uno mismo y a la de todos los mortales. Al enterrar el
tesoro, se tranquiliza el corazón falsamente, volviendo la
alegría a su espíritu, pero se cae en una absurda
equivocación, porque si te roban el tesoro que tienes escondido
y no te enteras y falleces diez años más tarde sin
saberlo, ¿qué te importa que durante los diez años
que viviste de más después
que te robaran el tesoro faltase o estuviera intacto? En ambos casos el
tesoro
no te sirvió para nada.”
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29ª
Entrega (12 -03-04)
De
las relaciones mutuas en Utopía…
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Cada familia entrega los productos de su
trabajo a unos almacenes especiales, los cuales se preocupan de
seleccionarlos y repartirlos
según su especie en diferentes almacenes. Cada padre de familia
va
a buscar allí lo que precisan él y sus familiares, y
recoge
lo que quiere, sin dar dinero ni otra cosa a cambio. ¿Por
qué
no habrían de entregárselo? Poseyendo tanta abundancia de
todo,
¿qué temor hay de que nadie solicite más de lo
preciso?,
pues ¿a quién se le ocurriría desear cosas vanas
si
está seguro de que no ha de faltarle de nada?
El miedo a las privaciones es el motivo que hace egoístas y
avaros a todos los seres vivientes, y en el hombre el orgullo, pues le
hace jactarse de la exhibición de cosas vanas para distinguirse
de los demás, vicio que las instituciones de Utopía no
toleran en modo alguno.”
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28ª
Entrega (12-03-04)
De los magistrados en
Utopía…..
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“El Senado nunca trata una
proposición el mismo día en que se presenta, sino que la
aplaza hasta la próxima sesión para que nadie manifieste
confusa y desordenadamente lo que
primero se le ocurra y tenga después que buscar razones para su
defensa no muy apropiadas al interés público, impulsado
por una vergüenza perversa y fuera de tono, que le lleve a halagar
antes su amor propio que el interés de la nación, no
dando a entender que no pensara con detenimiento, cuando, si lo hubiera
advertido al empezar, habría hablado con más conocimiento
de causa.”
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Ahora
que no falta casi nada para las elecciones, me gustaría que
leyerais un texto
que escribió Tomás Moro allá por el siglo XV, en
el cual
hablaba sobre un estado ideal (y no me refiero al estado de embriaguez,
ni
tan siquiera al estado de buena esperanza). “Utopía”
era un imposible por aquella época, pero ahora lo es
todavía más.
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“Considero desastrosos y
despreciables todos los consejos que acabáis de dar al monarca,
para quien lo honorífico y austero reside en enriquecer a su
pueblo más que a sí mismo. Los hombres instituyeron los
soberanos para provecho suyo, no para el provecho de ellos; para poder
vivir apaciblemente de su trabajo y de sus aspiraciones y estar exentos
de percances. De modo que el deber fundamental del rey es
procurar más por el bienestar de sus súbditos que por la
felicidad personal, como el pastor, que debe cuidar de su rebaño
y no de sí
mismo, pues para eso es pastor. Los que piensan que la pobreza del
pueblo es una seguridad de paz para el Estado, están
completamente equivocados, porque ¿dónde abundan
más las riñas si no entre los pobres?
¿quién desea más cambiar el orden social si no
aquel que no está conforme con su presente condición?
¿y no es el más astuto de los rebeldes el que
confía ganar algo porque ya no le queda nada que perder?.
Un monarca que es despreciado y odiado y que sólo se sostiene a
fuerza de ultrajes, y despojando y empobreciendo a su pueblo,
obraría mejor dejando rápidamente el poder y
valiéndose de esos medios para retenerlo, con los cuales, aunque
conserve el título, pierde din ninguna duda la dignidad.
Gobernar unos súbditos empobrecidos no es propio de la majestad
de un rey, quien debe imponer su autoridad a los ricos y a los
negociantes.”
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26ª
Entrega (02-03-04)
Este fin de semana me he leído “LEAVING LAS VEGAS”,
de John O’Brien. No he visto la película (imagino que much@s de
vosotr@s sí), ni tenía la más remota idea de lo
que iba, pero supongo que no será ni la décima parte de
dura como lo es el libro. Impresiona, la verdad es que impresiona.
Tomado más a guasa podríamos decir que
así es como acabaremos más de un@ si seguimos este
ritmo…Vean ustedes, vean.
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“ El tiempo se ha convertido en algo muy importante para
él, mucho más de lo que era cuando tenía un
trabajo. Demasiadas veces ha despertado a las tres de la madrugada,
tras haber perdido el conocimiento la noche anterior, y se ha
encontrado con que no había ni una sola gota de alcohol en casa.
Ha sentido que el pánico aumentaba en progresión
geométrica conforme el correr de los minutos le marcaba la
eternidad existente entre él y el mundo legalmente húmedo
de las seis de la mañana. Sus bien dispuestas reservas de
alcohol, que lo ayudarían a cruzar la tundra de dos a seis, a
menudo se consumían a ciegas desde el abismo, después de
que él hubiese cruzado la frontera de toda planificación
cuidadosa. En una ocasión renunció a la espera y se fue
corriendo al supermercado abierto toda la noche, donde se sintió
agradecido por el privilegio de haber pagado un sobreprecio por una
botella tamaño familiar de colutorio bucal. Ocho minutos
más tarde, con el coche aparcado delante de su apartamento, la
botella estaba
medio vacía y él ya había empezado a calmarse.
Apagó el motor del coche, detuvo la combustión interna.
Así pues, su vida está marcada por
los límites impuestos por la ley y las banderas rojas de las
costumbres.
(……)
- Hola –dice ella, y le besa la mejilla sudorosa. Al
advertir el estado en que se encuentra, vuelve a su faena en la cocina.
A su juicio es una escena demasiado desoladora para mirarla-.
Probablemente no quieres oír hablar de ello ahora mismo, pero he
comprado arroz. He pensado que podrías comer un poco. Así
que si más tarde tienes hambre dímelo y te lo
prepararé enseguida.
Se
vuelve hacia él sonriendo, con la mano en la cadera, en una
burlona
parodia de su papel de ama de casa.
-
De acuerdo –murmura él-. Voy al baño. Tomaré una
ducha
–añade, y sale tambaleándose de la cocina, con un litro
de vodka
en cada mano.
Es un atardecer extraño y nuboso en Las Vegas, y la luz difusa
del sol se ve aún más enturbiada por la ventanita
traslúcida del lavabo. Como tiene las palmas sudadas le resulta
difícil coger la botella de vodka por el cuello, pero con las
dos manos puede beber y dejar luego la botella sin ningún
incidente. Inclinado sobre el lavabo, aferrado
a la fría porcelana, vomita de inmediato, tal como había
previsto,
y lo intenta otra vez. Hasta que no abre la segunda botella no es capaz
de
conservar nada en el estómago. Cinco minutos más tarde ya
se
mantiene en pie con mayor firmeza y se las arregla para darse una ducha
rápida,
interrumpida de vez en cuando por tragos escrupulosamente espaciados.
Treinta
minutos después de entrar en el baño, sale con las dos
botellas
vacías y se siente lo bastante bien como para sonreír y
dispuesto
para su primera bebida del día.”
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Hoy, desde su novela “QUEDA LA NOCHE”, Soledad
Puértolas nos hace una reflexión sobre la vida
matrimonial…bueno, sobre la vida en sí. Sobre los
estancamientos, sobre las rutinas, sobre las monotonías….
Raquel ve, después de mucho tiempo, a su hermana 12 años
menor y se sumerge en cierta reflexión…
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“ Raquel miraba pensativa la servilleta de
papel que tenía entre sus dedos.
- De todos modos -dijo-, aunque Fernando no
me gustaba, la historia me resultaba atractiva. Casi me daba envidia.
Un amor
clandestino –suspiró-. Mi vida es tan vulgar. El mes pasado hizo
veinte
años del día de mi boda. Es absurdo dar un significado a
los aniversarios, pero no pude evitar pensar un poco. Me
sorprendí haciendo un recuento y un recuento algo negativo
–sonrió, disculpándose-. Me siento atrapada. Tengo
cuarenta y cuatro años y mi vida está completamente
encauzada. Dejé de trabajar cuando el primer embarazo y ya no
encontraría ningún trabajo. Si quisiera cambiar mi
vida no tendría fuerzas, ni la suficiente convicción.
Realmente, no quiero cambiar mi vida porque no creo que haya nada mucho
mejor, pero esto
cada vez me gusta menos.”
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24ª Entrega (06-02-04)
Y tras el paréntesis sufrido por nuestra querida
serie “Si la fibra me da aires…yo leo!”, retomamos hoy la lectura con
una novela del cachondo de Tom Sharpe. Todo el mundo ha leído o
ha oído hablar de su famoso Wilt, pues bien, el libro que hoy
toca no es Wilt, no señor, pero es otra de sus hilarantes obras:
“Exhibición impúdica”. La acción se sitúa
en Zululandia, un país imaginario de Sudáfrica. En el
(extenso) extracto que tenemos a continuación se nos narra un
divertido episodio en el que el comandante de la policía de la
capital, Van Heerden, intenta por medio de una técnica novedosa
que sus policías aborrezcan a las nativas, con el fin de evitar
la mezcla de razas y preservar así la “supremacía” de los
blancos en el país. Lo malo es que, a veces, la ficción
se asemeja tanto
a la realidad….
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Verkramp dijo que no le sorprendía lo
más mínimo.
Mientras comían, la doctora von Blimenstein le explicó
que
era precisamente una forma modificada de la terapia de aversión
la
que pensaba aplicar a los policías de Piemburgo implicados en
casos de mestizaje. Verkramp tenía la mente un poco embotada por
la ginebra y el vino y no acababa de entender.
- No entiendo la…-empezó a decir.
- Mujeres negras desnudas –dijo la doctora, sonriendo a su
carne
a la brasa-. Proyectar diapositivas de mujeres negras desnudas y
administrar una descarga eléctrica al mismo tiempo.
Verkramp la miró con franca admiración.
- Ingenioso –dijo-. Maravilloso. Es usted un genio
–la doctora von Blimenstein sonrió bobaliconamente.
(……)
El
peligro de que Sudáfrica se convirtiera en un país de
gentes de color ya no asediaría a sus dirigentes blancos. Con la
doctora von Blimenstein a su lado, Verkramp instalaría por todo
el territorio clínicas en las que los blancos pervertidos se
curaran de sus deseos de mujeres negras mediante la terapia de la
aversión. Se inclinó hacia la mesa, hacia los
encantadores senos de la doctora y el cogió una mano.
-
La amo a usted –dijo sencillamente.
(……)
…el
Luitenant
Verkramp se concentró en la campaña contra los
policías con tendencias al mestizaje, a la que en clave
había dado el nombre de “Lavado Blanco”. Ateniéndose a
las directrices del doctor Eysenck, había decidido probar con
apomorfina y electrochoque y envió para ello al sargento
Breitenbach a un farmacéutico mayorista con un
pedido de cien jeringuillas y nueve litros de apomorfina.
-
¿Nueve litros? –preguntó incrédulo el
farmacéutico-.
¿Seguro que no se ha equivocado?
-
Seguro –dijo Breitenbach.
-
¿Y cien jeringuillas? –preguntó el farmacéutico,
que no podía dar crédito a sus oídos.
-
Eso dije –insistió el sargento.
-
Sé que lo dijo, pero es que me parece imposible. Dígame,
en nombre de
Dios, lo que se propone hacer con nueve litros de apomorfina.
El
sargento Breitenbach tenía ya instrucciones de Verkramp.
-
Es para curar a los alcohólicos.
-
¡Válgame Dios! –dijo el farmacéutico-. No
sabía que hubiera tal cantidad de alcohólicos en el
país.
-
Se ponen malos con esto –le explicó el sargento.
- Ya
lo creo –murmuró el farmacéutico-. Y con nueve litros
seguro que
hasta se mueren. Y seguro que queda bloqueado todo el sistema de
alcantarillado de la ciudad, además.
(……)
…Verkramp subió a inspeccionar las
celdas dispuestas para el tratamiento. Había en cada una de
ellas una cama situada frente a una pared encalada, y junto a la cama,
en una mesita, un proyector. Sólo faltaban las diapositivas.
Verkramp volvió a
su despacho y llamó al sargento Breitenbach.
-
Vayan a Adamville con un par de furgones y tráiganse a unas cien
negras
–ordenó-. Procure que sean atractivas. Las trae aquí y
que el
fotógrafo les saque fotos en pelota…
Así
que el sargento Breitenbach se fue a Adamville, el barrio negro de
Piemburgo,
para cumplir lo que a primera vista parecía una orden muy
simple,
pero que en la práctica resultó bastante complicado.
Cuando
sus hombres consiguieron arrancar a unas doce chicas de sus hogares y
meterlas en el furgón, se había congregado una multitud
furiosa y toda la barriada estaba alborotada.
-
Devuélvannos a nuestras mujeres –gritaban.
-
Déjennos salir –gritaban las chicas del furgón. El
sargento Breitenbach intentó explicarse.
-
Sólo
queremos retratarlas desnudas –les dijo-. Es para evitar que los
policías se acuesten con mujeres bantúes.
Como
explicación resultaba poco convincente. Como es lógico,
la multitud
creía que retratar a mujeres negras desnudas produciría
precisamente
le efecto contrario.
-
Dejen ya de violar a nuestras mujeres –gritaban los africanos.
(……)
-
¿Quiere que vayan a por más? –preguntó.
-
Claro. Con ésas no hay bastante –dijo Verkramp-. Que las
fotografíen
y las devuelvan. Ya se calmarán cuando vean que no las han
violado.
-
Sí, señor –dijo el sargento, no muy convencido.
Bajó
al sótano, donde el fotógrafo de la policía
tenía ciertas dificultades para conseguir que las chicas se
estuvieran quietas. Al final, el sargento tuvo que sacar el
revólver y amenazarlas con disparar si no cooperaban.
La
segunda visita a Adamville fue mucho peor que la primera. El tomar la
sabia
precaución de hacerse escoltar por cuatro carros blindados y
algunas camionetas cargadas de agentes armados no sirvió de
mucho. El sargento ordenó que dejaran salir a las chicas y dijo
a la multitud enfurecida:
-
Como podéis ver no les ha pasado nada.
Las
chicas salieron atropelladamente de los furgones, desnudas y magulladas.
-
Amenazó con dispararnos –gritó una de ellas.
Siguió
a estas palabras un tumulto y en el intento de coger a otras noventa
chicas
para someterlas al mismo tratamiento, la policía mató a
cuatro
africanos e hirió a doce. El sargento Breitenbach
abandonó el
escenario de la matanza con otras veinticinco mujeres y un corte encima
del
ojo izquierdo causado por una pedrada.
-
Malditos cabrones –dijo, mientras se alejaban; comentario éste
que
tendría funestas consecuencias para las veinticinco mujeres del
segundo grupo, a quienes fotografiaron y violaron debidamente en la
comisaría, antes de dejarlas en libertad para que volvieran por
su cuenta a casa. Aquella noche, el jefe de policía en
funciones, verkramp, comunicó a
la prensa que habían resultado muertos cuatro africanos en una
pelea tribal en Adamville.
(……)
-¿No es hora de empezar ya,
señor? –dijo, dándole un suave codazo. El Luitenant se
interrumpió.
-
Sí. Iniciemos el experimento.
Los
”voluntarios” pasaron a las celdas; les hicieron desnudarse y ponerse
las camisas de fuerza colocadas sobre las camas a modo de pijamas. Hubo
a este respecto cierta dificultad y fue precisa la ayuda de algunos
suboficiales para que uno o dos de los voluntarios más
corpulentos se las pusieran. Pero al final los diez hombres quedaron
atados y Verkramp llenó la primera jeringuilla de apomorfina.
El
sargento Breitenbach le contemplaba preocupado.
- El médico
dijo que mucho cuidado con la dosis –susurró-. Dijo que si
sobrepasábamos los 3 cc podría morir alguno.
-
¿No irá
usted a acobardarse ahora, eh sargento? –le preguntó Verkramp.
El
voluntario miraba la aguja, desde la cama, con ojos desorbitados.
-
He cambiado de idea –gritó desesperado.
-
Vamos, no diga bobadas –dijo Verkramp-. Lo hacemos por su bien.
-¿Por
qué no probamos primero con un cafre? –preguntó el
sargento
Breitenbach-. Quiero decir que no estaría bien visto que muriera
alguno de estos hombres, ¿no le parece?
Verkramp
lo pensó un momento.
-
Creo que tiene razón –dijo al fin.
Bajaron
a las celdas de la planta baja e inyectaron a algunos africanos
detenidos por sospechosos cantidades diversas de apomorfina. Los
resultados confirmaron
plenamente los temores del sargento Breitenbach. Cuando el tercer negro
entró
en coma, verkramp empezó a preocuparse.
-
Es un material fuerte –admitió.
-
¿No sería mejor limitarnos a las descargas
eléctricas? –preguntó
entonces el sargento.
-
Creo que sí –dijo Verkramp con tristeza. Esperaba lleno de
ilusión el momento de poder inyectar a los voluntarios.
Mandó al sargento a
buscar al médico de la policía para que firmara los
certificados de defunción y volvió a la planta superior.
Comunicó a los cinco voluntarios que habían sido elegidos
para el tratamiento
de apomorfina que no se preocuparan.
-
En vez de inyectarles, les someteremos al electrochoque –les dijo, y
conectó el proyector. En la pared del fondo de la
habitación, apareció una mujer negra desnuda. Todos los
voluntarios tuvieron una erección. Verkramp movió la
cabeza.
-
Repugnante – musitó, uniendo el terminal de la máquina de
electrochoques al glande del paciente con un trozo de esparadrapo-.
Mire –explicó el sargento que se sentaba junto a la cama-, cada
vez que cambie la diapositiva, le dará una descarga
eléctrica así –y movió enérgicamente el
mando del generador y el policía de la cama se retorció
convulsivamente
y chilló. Verkramp examinó entonces el pene del individuo
y
se quedó impresionado-. Ya ve usted cómo funciona –dijo,
y
cambió la diapositiva.
(……)
Por fin mandó que le trajeran un
catre y se acostó en el pasillo a descansar un poco.
“Estoy
exorcizando el mal”, pensó; e, imaginando un mundo sin lujuria,
se quedó dormido.
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23ª Entrega
(26-06-03)
Esta
entrega de fibra veraniega, rayando ya en el límite de las
vacaciones, va dedicada, con todo mi amor, a la lista de correo del
Komando Leproso.
De Jose Luis
Sanpedro, EL AMANTE LESBIANO.
Con
todos
ustedes….
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“- ¡El desprecio!...- rechaza mi padre con la
voz más desdeñosa imaginable-. El desprecio lo temen los
poderosos porque les debilita; ellos prefieren ser odiados porque eso
es reconocer su
fuerza. Los débiles nos confirmamos en ese desprecio ajeno
porque
es nuestra identidad. “El que se humilla será ensalzado”, lo
dicen hasta los que necesitan dios, y es que al instalado en la
sumisión no se le puede rebajar más.
- No
comprendo- me atrevo a interrumpirle.
Me contempla benévolo:
- Me
extraña, con la vida que has llevado. Cuando el sumiso se encara
con el fuerte, retándole a que le degrade, y el fuerte reacciona
maltratando y humillando, hace precisamente lo que desea el sumiso. Es
decir, le obedece, se convierte en su instrumento,
aunque crea estar dominando…Mientras no te desprecies a ti mismo,
ríete del desprecio ajeno y vive según tu propia verdad.”
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22ª Entrega
(20-06-03)
Como hace tiempo que os tengo alejados de la literatura,
hoy toca ración doble!!! Empezaremos con un pasaje de una de las
primeras novelas góticas de la historia (o la primera
clasificada como tal, creo recordar): EL CASTILLO DE OTRANTO, de Horace
Walpole. En ella, como en
el resto de las venideras, se nos narran las vicisitudes e infortunios
de
un príncipe usurpador que recibe venganza del legítimo,
agravando
la situación con la actuación de seres del más
allá.
Pero lo interesante es recordar que las mujeres de aquella sociedad
medieval
las pasaban canutas y asumían con rigor el papel del macho
dominante.
En este caso Hippolita, la mujer de Manfredo, el príncipe
regente,
,habla con su hija y su nuera póstuma sobre la decisión
de
casar a la primera con Federico el sesentón por motivos
puramente políticos.
En el segundo texto retomamos a LEÓN BOCANEGRA, de
Vázquez-Figueroa. Aquí nos vuelve a hacer ciertas
reflexiones sobre la existencia de Dios Todopoderoso (aprovecho la
oportunidad para saludar al Capellán Tizotabi, deseándole
que se reponga pronto de lo suyo). Recordemos que el protagonista de la
novela se haya preso por los fénecs en una salina perdida en
medio del desierto, sabiendo que va a morir tras haber padecido
lo indecible, y casualmente acompañado de un religioso que
empieza
a dudar de su fe tras vivir en sus carnes las atrocidades de estos
piratas
del desierto.
Pos eso, a leer, leches!!!
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“- Mis queridas hijas –dijo Hippolita, conmovida-,
vuestra ternura me abruma…, pero no debo ceder. No nos corresponde a
nosotras elegir por nuestra cuenta: deben decidir por nosotras el
cielo, nuestros padres y
nuestros maridos. Tened paciencia hasta que sepáis lo que han
determinado Manfredo y Federico. Si el marqués acepta la mano de
Matilda, sé que ella se apresurará a obedecer. Que el
cielo se interponga para
evitar lo demás. ¿Qué quieres decirme, hija?
–continuó, viendo que Matilda se arrojaba a sus pies llorando
copiosamente y sin decir nada-. Pero no, no me respondas, hija; no debo
oír una palabra en contra
de la voluntad de tu padre.”
(……)
“- ¿Quién puede asegurar dónde se
encuentra exactamente la salvación eterna? ¿Quién
asegura que no
es más lógico amar a Dios mientras se cazan monos en
libertad, que mientras se corta caña encadenado? El odio a quien
nos sojuzga puede conducir muy fácilmente al rechazo hacia quien
tiene el poder de evitar tal vejación y sin embargo no hace nada
por impedirlo.- Dijo
el cura.
-
¿Dios?
-
¿Quién si no?
-
Extraño cura, a fe mía.
- Hace
años dejé
de considerarme cura –puntualizó el mugriento anciano-. Ya no me
siento
cura, ni sacerdote, ni misionero, ni tan siquiera siervo de cristo.
- En ese caso, ¿qué hace aquí?
-
¡Y yo qué sé!”
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¿Habíais
visto alguna vez a un cura renegar de sus creencias? Pos yo si, bueno,
verlo verlo, lo que se dice verlo, pues no. Pero en el siguiente
fragmento de “LEÓN BOCANEGRA”, de Alberto Vázquez
Figueroa, el autor hace una reflexión muy buena sobre el tema.
Resulta que el protagonista de la novela ha sido hecho
preso por unos “moros” salvajes, y es recluido en unas minas de sal en
el interior del continente africano para trabajar en su
extracción. Las condiciones de “trabajo” son más que
infrahumanas, y todos los presos saben que
la única salida de aquel infierno es la muerte. Es más,
muchos
simplemente “dejan de vivir” para no pasar por eso.
Aquí lo vemos hablando con un sacerdote cristiano
que se encuentra en su misma situación y pone en duda la
existencia de su propio DIOS.
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“- ¿Serías
capaz
de suicidarte?
- Naturalmente
–le respondió el cura.
- Pero eso es
pecado. Un pecado mortal.
- El peor pecado
es que alguien, sea quien sea, consienta en que tengamos que padecer lo
que
estamos padeciendo. O lo que yo he padecido en aquella salina. Quien
consiente tal cosa no tiene derecho a esperar que se respeten sus leyes.
- Suena a
blasfemia.
- Blasfemar constituye
siempre el último recurso. Estoy cansado de huir y de
esconderme; de vivir peor que la más miserable de las bestias;
de pasar calor, hambre y sed. Y sobre todo de saber que me encuentro a
miles de millas de mi mundo y no saber si algún día
regresaré.”
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20ª Entrega (30-05-03)
Y siguiendo con la fabulosa serie minimalista “Si la fibra
me da aires…yo leo!!”, hoy vamos a sacar a la población de un
error en
el que se haya inmersa desde hace ya ni se sabe. Es sobre la famosa
expresión
“…con la iglesia hemos topado, amigo Sancho”, que muchísima
gente usa
para dar a entender que, tras largas y penosas gestiones para resolver
una
situación, se encuentran por fin con un problema insondable que
les
hace desvanecer toda esperanza de lograr su propósito o fin
(válgame dios, todo esto me ha salido de un tirón, os lo
juro!). Pues bien, amiguitas y amiguitos del mundo mundial, ni dicha
expresión viene a
tener un significado tal y como lo entendemos nosotros, ni siquiera
dicha expresión es exactamente dicha expresión.
En el siguiente extracto del QUIJOTE, vemos a nuestra
querida pareja de hecho, formada por el titular de la obra y su fiel
escudero Sancho, que dirigen sus pasos hacia la población del
Toboso, para que Don Quijote
pueda conocer, por fin, a su imaginaria amada Dulcinea. Y todos sabemos
que,
según la trastocada cabeza de nuestro caballero, su
señora habitaba
en un “grande e lujoso” castillo. Pues bien, lo primero que hacen al
llegar
al pueblo es intentar localizar el alcázar de dicha fortaleza,
para
así conseguir dar con su domicilio. Veamos lo que ocurre y de
dónde
proviene la expresión de marras.
--------------------------------------------------
“-
Hallemos primero una por una el alcázar –replicó don
Quijote-; que entonces yo te diré, Sancho, lo que será
bien que hagamos. Y advierte, Sancho, que yo veo poco, o que aquel
bulto grande y sombra que desde aquí se descubre la debe de
hacer el palacio de Dulcinea.
- Pues
guíe
vuesa merced –respondió sancho-; quizá será
así; aunque yo lo veré con los ojos y tocaré con
las manos, y así lo creeré yo como creer que es ahora de
día.
Guió
Don
Quijote, y habiendo andado como docientos pasos, dio con el bulto que
hacía la sombra, y vio una gran torre. Y luego conoció
que el tal edificio no era alcázar, sino la iglesia principal
del pueblo. Y dijo:
- Con la
iglesia
hemos dado, Sancho.”
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19ª Entrega
(28-05-03)
Y al
hilo de la
conversación del otro día con Guevara (también
conocido
como Drexx en los círculos más íntimos), en la que
hablábamos de quejas, preocupaciones y pasta (anda, esto
podría ser el título
de una peli de esas raras…), os presento hoy otro extracto del QUIJOTE en el que Sancho Panza hace una fría
reflexión sobre el asunto.
Resulta que se va a celebrar una boda entre Quiteria (la
más hermosa labradora del pueblo) con Camacho (el hombre
más rico del
lugar), pero dicha moza está previamente enamorada y es
requerida
por Basilio, un pastorcito que goza de todas las virtudes que ser
humano
pueda desear (es listo e ingenioso, trabajador, guapo, joven, buen
espadachín, buen jugador de barra,…) pero que no tiene ni un
real.
Esto
es lo
que Sancho opina al respecto:
--------------------------------------------------
“ - Mas que haga lo que quisiere
–respondió Sancho-; no fuera él pobre, y castrase con
Quiteria. ¿No hay más sino no tener un cuarto y querer
casarse por las nubes? A la fe,
señor, yo soy de parecer que el pobre debe de contentarse con lo
que hallare, y no pedir cotufas en el golfo. Yo apostaré un
brazo que puede
Camacho envolver en reales a Basilio; y si esto es así, como
debe
de ser, bien boba fuera Quiteria en desechar las galas y las joyas que
le
debe de haber dado, y le puede dar, Camacho, por escoger el tirar de la
barra
y el jugar de la negra de Basilio. Sobre un buen tiro de barra o sobre
una
gentil treta de espada no dan un cuartillo de vino en la taberna.
Habilidades y gracias que no son vendibles, mas que las tenga el conde
Dirlos; pero cuando las tales gracias caen sobre quien tiene buen
dinero, tal sea mi vida como ellas parecen. Sobre un buen cimiento
se puede levantar un buen edificio, y el mejor cimiento y zanja del
mundo es el dinero.”
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18ª Entrega
(19-05-03)
Bueno, y siguiendo con las lecturas básicas
recomendadas, hoy toca la “HISTORIA DE LA VIDA DEL BUSCÓN
LLAMADO DON PABLOS”, de
Francisco de Quevedo. Esa obra maestra de la picaresca española
del año catapún. En el extracto presenciamos una de las
tantísimas situaciones de desgracia extrema a las que se ve
sometido Pablos en sus correrías por la vida. Resulta que al
muchacho, recién llegado a una nueva “residencia” le entran
ganas de defecar, pero…se lo piensa mejor (y no porque el báter
estuviera sucio, no…)
--------------------------------------------------
“Levantéme
con gran dolor de mi alma, viendo que estaba en casa donde se brindaba
a las
tripas y no hacían la razón. Diome gana de descomer
aunque no
había comido, digo de proveerme, y pregunté por las
necesarias a un antiguo, y díjome:
- Como no lo son en esta casa, no las
hay. Para una vez que os proveeréis mientras aquí
estuviéredes,
dondequiera podréis; que aquí estoy dos meses ha, y no he
hecho tal cosa sino el día que entré, como agora vos, de
lo que cené
en mi casa la noche antes.
- ¿Cómo encareceré yo mi
tristeza y pena? Fue tanta, que, considerando lo poco que había
de entrar en mi cuerpo, no osé, aunque tenía gana, echar
nada dél.”
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17ª Entrega
(14-05-03)
Para tod@
aquell@ que me decís siempre que no me entero de los cotilleos,
que no pregunto, que no estoy informado, que no sé quién
es Leonardo Dantés, que desconozco el resultado del
importantísimo partido jugado anoche,
que no sé lo que es el Linux o el AMD o el Palladium, que no me
entero de quién cumple años hoy o peor aún, que no
sé cómo se llama la mitad de mis compañer@s de
trabajo… Para tod@ vosotr@ va dedicado este extracto de “EL
EXTRAÑO CASO DEL DR. JEKYLL Y MR. HYDE”, de Robert Louis
Stevenson. He dicho!
--------------------------------------------------
“Soy muy reacio a hacer preguntas; se
parece demasiado
al día del Juicio Final. Inicia usted una pregunta, y es como
poner
en movimiento una piedra. Estás sentado en la cima de una
colina;
y allá va la piedra, y pone en movimiento otras; y finalmente
algún
pobre tipo (el último que hubieras pensado) resulta golpeado en
la
cabeza en su propio patio de atrás, y la familia tiene que
cambiar de nombre. No, señor, hago mía esa regla: cuanto
más
extraño es el asunto, menos preguntas hago.”
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16ª Entrega (05-05-03)
Retomamos hoy el “PURA VIDA” de José María
Mendiluce. ¿Recordáis la aventurita de Ariadna con el
mulato Jonás, que os mandé el pasado día 9? Pues
aquí seguimos siendo testigos mudos de sus “aventuritas”, pero
hoy ella no participa, sino que contempla la escena como “sufridora en
casa”. En el segundo extracto el autor nos hace una reflexión
sobre la vida misma, sobre lo etéreo
de nuestro paso por el mundo y sobre la codicia del ser humano respecto
de los bienes materiales.
Deleitémonos pues con Ariadna y Jonás…y su amiguito (por
cierto, Teo, ¿te lo has empezado ya?).
--------------------------------------------------
“Se acerca a su
habitación. Ronquidos más intensos y olor a hombres. La
puerta está entornada. La abre. Jonás está desnudo
y roncando boca arriba, destapado. Sólo le cubre, en parte, el
cuerpo de Luis, que apoya la cabeza en su entrepierna. El sexo de
Jonás está como siempre duro, y la
boca de Luis lo está rozando, abierta, agotada, con un reguero
blanco
y seco que le cae por la comisura de sus labios lujuriosos. Colillas,
botellas,
restos de comida y la luz de la mesilla derecha encendida, apuntando a
un
plato donde quedan varias rayas de coca.
No la ven,
no la sienten, no se inmutan.”
(……)
“-
El hombre no lo puede todo. Y aquí, la naturaleza nos lo
recuerda muchas veces. Cuanto más la atacamos, más se
defiende. Es triste, porque
al final quizá gane el hombre. Pero el día que lo haga y
mate
la belleza, el hombre loco se habrá matado a sí mismo. Y
querrá
entonces devolver a la vida aquello que mató. Pero como un dios
destructivo
no podrá hacerlo. Y la última venganza de la naturaleza
será
arrastrar al hombre en su agonía. Y será el fin del
mundo.
De este mundo. Porque la vida renacerá, esta vez sin el error
humano.”
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15ª Entrega (30-04-03)
Siguiendo
con nuestra fantastibulosa serie “Si la fibra me da aires…yo leo!!!”,
hoy presentamos un relato corto de Marina Mayoral titulado RECUERDO
IMBORRABLE. Vaya dedicado, aunque no tenga
nada que ver, a los que parten mañana hacia tierras manchegas a
participar activa o pasivamente en el Viñarrock 2003. Y tened
cuidado con las drogas, que valen un pastón.
--------------------------------------------------
“El
hombre miró a la mujer, en el otro extremo del cuarto.
- El
sábado, de paso que vengo a buscar a los niños, me
llevaré los libros.
La mujer siguió con los brazos cruzados, sin moverse.
- Eres el
hijo de puta más hijo de puta que he conocido en mi vida.
- Pues
deberías
alegrarte de perderme de vista.
La mujer se dejó caer en un sofá como un muelle que se
destensa.
- No puedo
vivir
sin ti- dijo muy bajo.
El hombre suspiró con impaciencia.
- Por
favor, no
empecemos de nuevo.
- No te
vayas.
Podrás hacer lo que quieras, te lo juro. No te pediré
nada. Pero no te vayas. Te lo ruego, te lo suplico de rodillas…
Avanzó hacia el hombre e intentó abrazarlo. Él
retrocedió un paso.
-
¡Basta, por favor! Se ha acabado, ¿entiendes? Quiero a
otra mujer, quiero
vivir con ella. No te rebajes de ese modo. Que quede al menos un
recuerdo digno.
La mujer se irguió. Salió del cuarto y volvió
enseguida con dos niños de la mano.
-
Papá nos
deja para siempre. Se va con otra mujer y con otros niños.
-
¡Estás
completamente loca!- dijo el hombre sin alzar la voz.
Se puso en cuclillas para hablar a la altura de los niños.
-
Vendré a recogeros el sábado e iremos al Parque de
Atracciones. Lo pasaremos muy bien. Y me llevaré mis libros-
añadió antes de salir.
Cuando se oyó la puerta de la calle, la mujer dijo:
- Hoy
dormiremos
los tres juntos- después fue a la cocina y abrió las
llaves del gas.
En la cama, el hijo mayor preguntó: “¿Se va con otros
niños?
¿Se olvidará de nosotros?”
La mujer los abrazó y dijo con voz tranquila:
-Duerme, cariño. Papá
nunca podrá olvidarse de nosotros.”
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14ª Entrega (28-04-03)
Bueno, y hoy, como es lunes,
seguimos con el QUIJOTE. La siguiente escena es de todos bien conocida,
y por eso la traigo a colación. Trátase aquí de
cuando don Alonso la emprende a espadazos con los cueros de vino en la
venta, y del achaque a producto de
encantamiento que hace el mismo insensato, aún a pesar de la
llamada al orden de Sancho Panza. Todo un clásico.
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- Bien puede
vuestra merced, señor Triste Figura, dormir todo lo que
quisiere, sin cuidado de matar a ningún gigante,
ni de volver a la
Princesa su reino; que ya todo
está hecho y concluido.
-Eso creo
yo
bien —respondió don Quijote—, porque he tenido con el gigante la
más descomunal y desaforada batalla que pienso tener en todos
los días de mí vida, y de un revés, ¡zas!,
le derribé la cabeza en el suelo, y fue tanta la sangre que le
salió, que los arroyos corrían por la tierra, como si
fueran de agua.
- Como si fueran de vino
tinto, pudiera vuestra merced decir mejor —respondió Sancho—;
porque quiero que sepa vuestra merced, si es que no lo sabe, que el
gigante muerto es un cuero horadado; y la sangre, seis arrobas de vino
tinto que encerraba en su vientre; y la cabeza cortada es.. .la puta
que me parió, y llévelo todo Satanás.
- Y ¿qué
es lo que dices, loco? —replicó don Quijote—.
¿Estás en
tu seso?
-
Levántese
vuestra merced —dijo Sancho—, y verá el buen recado que ha
hecho, y
lo que tenemos que pagar, y verá a la Reina convertida
en una dama particular, llamada Dorotea, con otros sucesos, que, si cae
en ellos, le han de admirar.
- No me maravillaría de nada de eso —replicó don
Quijote—; porque, si bien te acuerdas, la otra vez que aquí es
tuvimos te dijo yo que todo cuanto aquí sucedía eran
cosas de encantamento, y no sería mucho que ahora fuese lo mesmo.
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Bueno, pues para que la fibra no os dé aires, hoy
volvemos con el QUIJOTE. A continuación os podéis
deleitar con una reflexión ético-moral que Cervantes se
hace acerca de las mujeres. Os explico: Anselmo le pide a su mejor
amigo que “tiente” a su mujer para comprobar si ésta
sería capaz de ponerle los cuernos a su recién estrenado
maridito. Y tras mucho discutir, el amigo se lo explica claramente al
tal
Anselmo:
--------------------------------------------------
“…que
puesto que aquello sea ficción poética, tiene en
sí encerrados
secretos morales dignos de ser advertidos, y entendidos, e imitados.
Cuanto
más que con lo que ahora pienso decirte acabarás de venir
en
conocimiento del gran error que quieres cometer. Dime, Anselmo, si el
cielo,
o la suerte buena, te hubiera hecho señor y legítimo
posesor
de un finísimo diamante, de cuya bondad y quilates estuviesen
satisfechos
cuantos lapidarios le viesen y que todos a una voz y de común
parecer
dijesen que llegaba en quilates, bondad y fineza a cuanto se
podía extender la naturaleza de tal piedra, y tú mesmo lo
creyeses así, sin saber otra cosa en contrario,
¿sería justo que te viniese en deseo de tomar aquel
diamante, y ponerle entre un yunque y un martillo, y allí, a
pura fuerza de golpes y brazos, probar si es tan duro y
tan fino como dicen? Y más, si lo pusieses por obra; que, puesto
caso que la piedra hiciese resistencia a tan necia prueba, no por eso
se le añadiría más valor ni más fama; y si
se rompiese, cosa que podría ser, ¿no se perdía
todo? Sí, por cierto, dejando a su dueño en
estimación de que todos le tengan por simple.
Pues
haz cuenta, Anselmo amigo, que Camila es finísimo diamante,
así en tu estimación como en la ajena, y que no es
razón ponerla
en contingencia de que se quiebre, pues aunque se quede con su
entereza, no
puede subir a más valor del que ahora tiene; y si faltase y no
resistiese,
considera desde ahora cuál quedaría sin ella, y con
cuánta
razón te podrías quejar de ti mesmo, por haber sido causa
de
su perdición y la tuya. Mira que no hay joya en el mundo que
tanto
valga como la mujer casta y honrada, y que todo el honor de las mujeres
consiste
en la opinión buena que dellas se tiene; y pues la de tu esposa
es
tal, que llega al extremo de bondad que sabes, ¿para qué
quieres
poner esta verdad en duda? Mira, amigo, que la mujer es animal
imperfecto,
y que no se le han de poner embarazos donde tropiece y caiga, sino
quitárselos
y despejalle el camino de cualquier inconveniente, para que sin
pesadumbre
corra ligera a alcanzar la perfección que le falta, que consiste
en
el ser virtuosa.”
|
Bueno, ya que se han acabado las
vacaciones de Semana Satán, y os veo un tanto relajados, voy a
pincharos un
fragmento de un libro que es probable que hayáis leído, y
si no…a tiempo
estáis. Se trata de “CIUDAD RAYADA”, de José Ángel
Mañas. En el presente
extracto se nos representa una situación a la que más de
un@ de nosotr@s
estamos un tanto acostumbrados…o no? Pues eso, que cuidado con las
pirulas….
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“Pasé la noche
muy inquieto. En algún momento abrí los faros. Estaba
bañado en sudor, y Tula
sobaba a mi lado. Me levanté en gayumbos, sin pensar en nada, y
saqué la pipa
de la mochila. Tula dormía muy tranquila, con el pelo revuelto
cayendo sobre la
almohada. No sé qué me vino a la cabeza, pero el caso es
que me veo durante un
tiempo que me pareció una eternidad encañonándola,
mientras respiraba
tranquilamente. Más tarde he pensado mucho sobre el flús
de aquella noche y he
llegado a la conclusión de que con los sentimientos ocurre como
con las drogas:
hay subidotes y bajones. Y lo que uno siente es algo que depende de lo
que
llevas dentro. Si estás chungo dentro, estás chungo con
los demás, y no sabes
hasta dónde vas a poder controlarlo. Es como si siempre
estuviéramos en la
cuerda floja. Así que he llegado a la conclusión de que
uno nunca puede fiarse
de sus emociones. Creo.”
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Bueno, ahora que se vislumbra el comienzo
del fin de la guerra, os ofrezco a continuaci&oa |